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REALIZACIÓN HUMANA Y ESPERANZA
Juan Miguel González-Feria
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1999
Extracto de la ponencia presentada en las Jornadas Interdisciplinares “Prospectivas de futuro. Hacia una nueva
esperanza social“, organizadas por el Ámbito de Investigación y Difusión María Corral

Se trata de una aportación realizada a partir de una actitud realista existencial tal como propone su autor, Alfredo Rubio de Castarlenas. Dicha actitud es la de aquella persona que apoya su vida sobre la realidad, sobre aquello que es evidente a su razón; valora lo real y deja de añorar lo que no llegó a ocurrir; vive la sorpresa de que exista algo en vez de nada y disfruta la belleza de que existan cosas y personas, más aún sabiendo que podíamos no haber existido si "cualquier detalle de los que incidieron en nuestro engendramiento hubiera sido distinto", como dice Rubio.

1.- Existir sabiéndonos limitados. La aceptación del existir concreto de cada persona incluye sus límites particulares, los propios de todo ser humano. Entre ellos, el sufrimiento y la muerte. Cuando se prevé un posible sufrimiento en el futuro, ello es también causa de angustia ante la vida. La aceptación óntica de los acontecimientos –si la historia anterior a uno hubiera acontecido de modo distinto, esa persona no existiría- hace intuir que todos ellos tienen algún sentido profundo que a veces se nos escapa. Hay que luchar por evitar los males, pero también hay que aceptar los que ya han acontecido, puesto que, sin ellos, las personas que hoy existen, no existirían. Esta actitud realista existencial puede ayudar a evitar parte de los temores infundados que la sociedad tiene ante el futuro. Si lo que sucedió en el pasado, sobre lo que yo no podía incidir, hizo posible mi única posibilidad de existir entre millones de posibilidades de que existieran otras personas, ¿por qué he de temer que lo que suceda en el presente, incluso aquello sobre lo que tal vez no tengo incidencia, vaya contra mí?

2.- Algunos contornos de la esperanza. Un rasgo de la esperanza es que, como todo lo humano, también es limitada. Una persona madura sólo ha de esperar lo real posible. Hay cosas que no nos pueden advenir, así como hay realidades inexorables que no podemos eludir. Acogerlas con gozo y vivir en consecuencia nos ayudará a planificar mejor el futuro. Son las cosas que pueden acontecer o no acontecer las que constituyen el objeto de nuestros esfuerzos por conseguirlas o evitarlas, tanto para nosotros como para el conjunto. La evidencia inexorable de que hemos de morir amarga la esperanza de muchas personas y les anula su creatividad, sin que caigan en la cuenta de que o existen como seres mortales o no existen de ningún otro modo. Con sus obras, la mayoría de personas afirman que vale la pena existir, aunque vayan a dejar de hacerlo en un momento dado.

3.- Las consecuencias del actuar humano Para este apartado me voy a fijar en la Postdata de la "Carta de la Paz dirigida a la O.N.U.", situando la reflexión sobre nuestra actitud ante el futuro en un plano meramente óntico, del ser. Ya otros ponentes abordarán otros aspectos. Esta postdata muestra cómo las elecciones del presente inciden en que los seres futuros sean unos u otros. Por ello, nos ayuda aceptar de modo óntico el futuro que, en algunos casos, nos produce temor o ansiedad. Si hagamos lo que hagamos en el presente, las personas futuras, sean quienes sean, podrán tener alegría óntica de lo que ocurrió en el pasado y que posibilitó su existencia, ¿por qué no vamos a poder estarlo nosotros?, ¿no vamos a poder ser solidarios con ellos en este bien tan básico para ellos como es su existencia?

4.- La belleza y el sentido de la existencia Alfredo Rubio ha señalado una posible causa, muy sutil, de angustia humana: el hecho de que algunas personas se formulen determinadas preguntas antes de tiempo o por motivos incorrectos, es decir, hacérselas, no desde la limpidez del gozo, del sosiego y la verdad, sino "con la ‘urgencia’ de no estar cómodos en lo que se es" y "movidos por el desencanto, la soberbia y la angustia". La cuestión sobre el sentido último de nuestra existencia, "no nos ha de quitar la paz, el sosiego y la alegría de existir precisamente". Concluye diciendo que muchas personas, abandonándose en el misterio que rodea por todas partes nuestra contingencia y tratando lo más posible de ser feliz y de hacer felices a los otros, "encuentran ya en ello mismo la evidente finalidad intrínseca del vivir". El fundamento de dicha postura es la belleza, la belleza del hecho de que exista algo. Cuando se contempla y se disfruta con sosiego de algo bello, se evidencia que algo bello no puede no tener sentido. De ahí que el disfrute sosegado de ella posibilite la esperanza. Las universidades habrían de constituir "agencias de sentido" para los educandos. Debería cultivarse en ellas esa sabiduría de afrontar el presente y el futuro con proyectos sólidos sí, pero abiertos, a la vez, a la esperanza.