Se trata de una aportación realizada a partir de una actitud realista existencial tal como
propone su autor, Alfredo Rubio de Castarlenas. Dicha actitud es la de aquella
persona que apoya su vida sobre la realidad, sobre aquello que es evidente a su
razón; valora lo real y deja de añorar lo que no llegó a ocurrir; vive la sorpresa de que
exista algo en vez de nada y disfruta la belleza de que existan cosas y personas, más
aún sabiendo que podíamos no haber existido si "cualquier detalle de los que
incidieron en nuestro engendramiento hubiera sido distinto", como dice Rubio.
1.- Existir sabiéndonos limitados.
La aceptación del existir concreto de cada persona incluye sus límites particulares, los
propios de todo ser humano. Entre ellos, el sufrimiento y la muerte. Cuando se prevé
un posible sufrimiento en el futuro, ello es también causa de angustia ante la vida.
La aceptación óntica de los acontecimientos –si la historia anterior a uno hubiera
acontecido de modo distinto, esa persona no existiría- hace intuir que todos ellos
tienen algún sentido profundo que a veces se nos escapa. Hay que luchar por evitar
los males, pero también hay que aceptar los que ya han acontecido, puesto que, sin
ellos, las personas que hoy existen, no existirían.
Esta actitud realista existencial puede ayudar a evitar parte de los temores infundados
que la sociedad tiene ante el futuro. Si lo que sucedió en el pasado, sobre lo que yo no
podía incidir, hizo posible mi única posibilidad de existir entre millones de posibilidades
de que existieran otras personas, ¿por qué he de temer que lo que suceda en el
presente, incluso aquello sobre lo que tal vez no tengo incidencia, vaya contra mí?
2.- Algunos contornos de la esperanza.
Un rasgo de la esperanza es que, como todo lo humano, también es limitada. Una
persona madura sólo ha de esperar lo real posible. Hay cosas que no nos pueden
advenir, así como hay realidades inexorables que no podemos eludir. Acogerlas con
gozo y vivir en consecuencia nos ayudará a planificar mejor el futuro. Son las cosas
que pueden acontecer o no acontecer las que constituyen el objeto de nuestros
esfuerzos por conseguirlas o evitarlas, tanto para nosotros como para el conjunto.
La evidencia inexorable de que hemos de morir amarga la esperanza de muchas
personas y les anula su creatividad, sin que caigan en la cuenta de que o existen
como seres mortales o no existen de ningún otro modo. Con sus obras, la mayoría de
personas afirman que vale la pena existir, aunque vayan a dejar de hacerlo en un
momento dado.
3.- Las consecuencias del actuar humano
Para este apartado me voy a fijar en la Postdata de la "Carta de la Paz dirigida a la
O.N.U.", situando la reflexión sobre nuestra actitud ante el futuro en un plano
meramente óntico, del ser. Ya otros ponentes abordarán otros aspectos.
Esta postdata muestra cómo las elecciones del presente inciden en que los seres
futuros sean unos u otros. Por ello, nos ayuda aceptar de modo óntico el futuro que, en
algunos casos, nos produce temor o ansiedad. Si hagamos lo que hagamos en el
presente, las personas futuras, sean quienes sean, podrán tener alegría óntica de lo
que ocurrió en el pasado y que posibilitó su existencia, ¿por qué no vamos a poder
estarlo nosotros?, ¿no vamos a poder ser solidarios con ellos en este bien tan básico
para ellos como es su existencia?
4.- La belleza y el sentido de la existencia
Alfredo Rubio ha señalado una posible causa, muy sutil, de angustia humana: el hecho
de que algunas personas se formulen determinadas preguntas antes de tiempo o por
motivos incorrectos, es decir, hacérselas, no desde la limpidez del gozo, del sosiego y
la verdad, sino "con la ‘urgencia’ de no estar cómodos en lo que se es" y "movidos por
el desencanto, la soberbia y la angustia". La cuestión sobre el sentido último de
nuestra existencia, "no nos ha de quitar la paz, el sosiego y la alegría de existir
precisamente". Concluye diciendo que muchas personas, abandonándose en el
misterio que rodea por todas partes nuestra contingencia y tratando lo más posible de
ser feliz y de hacer felices a los otros, "encuentran ya en ello mismo la evidente
finalidad intrínseca del vivir".
El fundamento de dicha postura es la belleza, la belleza del hecho de que exista algo.
Cuando se contempla y se disfruta con sosiego de algo bello, se evidencia que algo
bello no puede no tener sentido. De ahí que el disfrute sosegado de ella posibilite la
esperanza. Las universidades habrían de constituir "agencias de sentido" para los
educandos. Debería cultivarse en ellas esa sabiduría de afrontar el presente y el futuro
con proyectos sólidos sí, pero abiertos, a la vez, a la esperanza.