HUMILDEAR LA FAMILIA
Juan Miguel González-Feria
Director del Colegio Mayor El Salvador, Salamanca, España

19 de noviembre de 2001
Resumen realizado por el equipo de redacción del Ámbito María Corral de
la ponencia presentada en las XX Jornadas Interdisciplinares Las familias:
identidad y apertura, en Barcelona, España
He escogido el neologismo
humildear porque si ponemos humillar parecería peyorativo.
En el Ámbito María Corral y en la Universitas Albertiana trabajamos
desde el realismo existencial. En el libro de Alfredo Rubio 22 historias
clínicas -progresivas- de realismo existencial se expone este tema
que, a diferencia de la filosofía existencialista, valora lo que realmente
existe. Rubio se basa en evidencias y, en vez de mirar tanto hacia el
futuro, mira hacia nuestro origen: soy un ser que podía no haber existido
(bastaba que mis padres no se hubieran conocido). Por tanto, veré el
tema de la familia desde el realismo existencial.
Cuando los padres tienen un niño en brazos y él balbucea, ellos piensan que el niño reconoce que ellos lo han engendrado. Creo que no es cierto. El niño lo que reconoce es que lo quieren y lo cuidan. Éste es un ejemplo de cómo podríamos estar deformando el papel de la familia, que convendría humildear. Y la humildad es la verdad, es andar en verdad, en realidad.
Para ello intentaré hacer un diagnóstico de los orgullos de la familia para humildearla, ponerla en su sitio, para que sea lo que debe ser. En la sociedad actual sufrimos mucho y, por lo tanto, tratar de corregir lo que está "desenfocado" de nuestra vida, para convivir con más paz y alegría, conlleva un gran sacrificio y renuncias importantes.
En la familia se da el inicio de la existencia de las personas. El realismo existencial va teniendo constancia de que para que una persona esté contenta, tiene que aceptarse como es. Pensamos que podemos existir al margen de la historia, pero no es cierto. No somos números, somos personas diferentes cada una. Para que una persona acepte su realidad total -con una historia y unos condicionamientos concretos-, es muy importante la aceptación de la familia. En la familia es donde el niño puede aprender a aceptarse porque los adultos lo aceptan a él; es donde puede construir la armonía interior de aceptarse tal cual es. Porque la familia no se basa tanto en la consanguinidad sino en la libertad.
Otra cuestión es que en la familia también se vive el límite más grande del ser humano, que es la muerte. No se engendran seres inmortales, ni nos casamos con seres inmortales. Por ello la familia es un gran caldo de cultivo del humildeamiento.
Posibles orgullos y fuentes de orgullo
Nuestra cultura tiene dos grandes raíces: la judeocristiana que enfatiza
en la familia del Génesis, la de Adán y Eva, y creemos que este libro
es perfecto, no hay que tocarlo, salió así de las manos de Dios. Pero
este libro del Antiguo Testamento tiene que ser reformado a la luz del
Nuevo Testamento. La otra raíz es la del mundo romano, del derecho romano,
que es fruto de un imperio y genera imperio. Por ejemplo, el pater
familia, el sistema de propiedad de la familia se basa en el mundo
romano. Por tanto, se tendrá que ver si determinados modelos de familia,
por las adherencias que tienen, pueden ser perpetuadores de situaciones
de injusticia.
¿Por
qué un niño que nace en una familia recibe un buen patrimonio y otro
niño no? Los niños deben tener igualdad de oportunidades. Cualquier
niño tiene la enorme alegría y sorpresa de existir entre muchas posibilidades
de no haber existido; esto le hace tener derecho a una buena herencia.
La familia también puede verse deformada por las manipulaciones de la
sociedad. Se dice que la familia es la base de la sociedad, ¡qué gran
peso le echamos encima a la familia!, que realmente es una entidad tan
débil. Se admite que la familia es base de la sociedad porque en ella
se forman los futuros ciudadanos, pero la familia, a su vez, es fruto
de la sociedad. Es base y es fruto al mismo tiempo. Por ello, la sociedad
también tiene una responsabilidad.
Las familias también tienen una cierta
cerrazón hacia sí mismas. Si las familias se cierran, lo que se destacan
son las diferencias entre unos y otros y no lo que tenemos en común.
El realismo existencial pone en evidencia que lo primero que nos une
es que somos existentes, que lo primero que tenemos en común es que
existimos, pudiendo no haber existido. Lo primigenio del ser humano
es que existe. Luego cada uno es de un grupo: por color, por familia,
por profesión. Y nuestro fondo común es la fraternidad existencial,
pero no sólo basada en la esencia, sino en la existencia común.
¿Sólo
intervienen mis padres en que yo exista? Dependemos de la historia,
de personas y de circunstancias que son como "co-padres" nuestros. Los
padres son los autores y responsables principales, pero muchos otros
-el médico, por ejemplo- intervinieron para hacer posible que yo existiera.
La familia tiene que basarse en la amistad, que es lo primero que debe
haber entre el marido y la mujer, porque ésta es indisoluble. Si en
el mundo se quiere la paz, por qué no ser amigos, por qué no ir por
el mundo con una actitud de amistad. Pero no todos los casados, los
que son pareja, son amigos. Y ¿por qué, también, padres e hijos no tienden
a ser amigos? Los hijos necesitan un apoyo incondicional.
El realismo
existencial hace ver la importancia de cada persona: los padres buscaban
un hijo, pero no sabían cómo sería. Este subrayar a cada persona tiene
una vertiente educativa muy importante. Cuando un educador piensa en
educar a una persona, generalmente tiene un modelo educativo, un arquetipo;
pero debe fijarse en esa persona concreta, en la libertad de esa persona.
El realismo existencial dice que no soy yo al servicio de mi humanidad
sino mi humanidad al servicio de mi yo. Educarla contando con su persona
y su libertad, no sin tenerla en cuenta. En la familia es donde normalmente
se da la ternura. Debe haber un recto sentido de la sexualidad, libre
de tabúes que hemos heredado.
La familia es el lugar de la ternura.
¿Por qué a un adolescente ya no se le puede dar un abrazo? Hace falta
una enorme dosis de ternura entre la familia, incluso entre los adultos.
Si una persona no se siente querida -y una manera de sentirse querido
es la expresión corporal- no termina de entender el mundo, porque en
el mundo hay afecto, hay contacto, hay roce. El amor no es algo opcional.
Sin amor las personas se entienden menos, entienden menos la naturaleza,
se entiende menos a sí mismo. Si una persona se siente querida entiende
mucho más acerca de la vida.
|