ENVÉS EN CLAVE DE ACEPTACION Y GOZO. URDIMBRE EN CLAVE DE SER
Natàlia Plá i Vidal

2006
Artículo publicado en la Revista RE, edición castellana, núm. 62
A los 25 años de la publicación de «22 historias clínicas —progresivas— de realismo existencial», nos permitimos hacer una lectura de ello aplicando los mismos tres índices que utilizó A. Rubio en su libro
Diccionario básico
Envés
en clave de aceptación y gozo
El libro cuya efeméride celebramos se gestó durante muchos años. En Perú, Alfredo Rubio se dio cuenta de la intuición que muchos años atrás había tenido en Roma, cuando escribió «En vísperas del subdiaconado». Casi sin saberlo, había llevado esta semilla consigo hasta entonces tomar conciencia de que albergaba en sí algo importante. Y no fue hasta veintidós años más adelante aún, que llegó el momento de plasmarlo en el papel. Fue de nuevo en América, en este caso en México, y corría el año 1981.
No estamos ante un autor sediento de «hacer carrera», así que no lamentaba la aparente tardanza de esa obra crucial: aceptaba pleno de gozo que la gestación hubiera llevado ese ritmo. Amó lo que realmente fue y tal como fue. El libro era el fruto de su madurez. Antes, tenía otras obras de juventud, que asumía con ternura y realismo. Pero lo que brindaba a la sociedad era este texto al que puso nombre cuando ya nació —no antes—, en México: realismo existencial.
El nombre definía a la criatura. De un lado, acentuaba el realismo que hacía humilde a la razón. Por eso afirmaba que en ningún caso se trataba de una ideología, puesto que se basaba únicamente en evidencias, en la pura realidad objetiva, sin apasionamientos ni prejuicios. ¡Y esto en un época en que a nadie se le hubiera ocurrido hablar de crisis de la ideologías! La elaboración de consecuencias tenía que afianzarse en los datos, en la realidad, no en elucubraciones vanas.
Por su parte, «existencial» explicitaba su vínculo con el existencialismo con el que le distinguía, precisamente, que éste sí es una ideología aunque, eso sí, que había sabido recuperar el valor de la existencia frente al de las esencias tan acariciado por la filosofía. Rubio reconoció ese filón y lo pulió hasta mostrar a quien estuviera dispuesto a ver y escuchar, la evidencia de la belleza del ser.
El tema es
Urdimbre
en clave de Ser
Con toda sencillez, Alfredo Rubio consideraba que el libro que este año celebra su vigesimoquinto aniversario era un texto a considerar en el conjunto de obras del siglo XX. Su importancia la veía, significativamente, en su humildad, concretada en la afirmación de un ser humano armónico por reconciliado con su contingencia. Cualquier exceso de vanidad por parte del autor, habría llevado a incurrir en contradicción interna con el contenido del texto; y ése no era el estilo de Rubio. Éste ha sido reconocido por varios profesores que han estudiado su obra y su personalidad, como alguien con un grado de coherencia entre pensamiento y vida nada común en el mundo de los pensadores. Así, pues, cuando éste reconocía que consideraba que con el realismo existencial hacía una aportación valiosa al mundo del pensamiento y, sobre todo, a cualquier persona que se adentrara en él, lo hacía desde la más escrupulosa humildad, como mirándolo desde fuera de sí, como habría afirmado si el autor fuera otro. Humildad que, como él repitió en numerosas ocasiones asumiendo la expresión de Teresa de Jesús, no es otra cosa que andar en verdad.
En un hombre caracterizado por su opción por el bien, este libro se inscribe en su quehacer como una concreción, de las muchas que realizó, por hacer realidad lo mejor de lo posible. Sabía que todo no era viable, así que asumió con humildad hacer lo que en cada momento pudiera ser, y dentro de ello lo que honestamente le parecía mejor. Por eso escribió el libro, aguardando expectante las reacciones de los distintos lectores frente a él.
También con humildad reconocía que el libro, el realismo existencial, era un instrumento para la razón —exactamente un instrumento, nada más ni nada menos— que se ofrecía a quienes quisieran hacerse un «chequeo existencial». Y ahí de nuevo constataba que no todo el mundo respondía ante el texto de la misma manera. Precisamente por su humildad, eso no le molestaba. Lo constataba como un hecho que respondía a una diferente predisposición o sensibilidad personal hacia ello. Lejos de enfadarse por quien no viera las mismas repercusiones que él veía, dirigía sus energías a trabajar con quienes sí sintonizaban con el contenido y se atrevían a enfrentar esta especie de terremoto óntico.
Sin ninguna ambigüedad Rubio admitía abiertamente la inserción del realismo existencial dentro del existencialismo que había recorrido las raíces de Europa desde inicios del siglo XX y del que él conocía algunas de sus expresiones. Afirmaba, sin embargo, su evolución dentro del mismo. Frente a otros existencialismos abocados al fracaso, a la frustración y a la angustia, el suyo era un existencialismo abocado a la alegría y al gozo. Por eso es un pensamiento que ayuda a vivir el presente y contribuye a preparar el futuro.
Un futuro que sigue abriéndose en este texto que cumple veinticinco años de haber visto la luz. Él mismo decía que cada una de las historias podía estallar en unos maravillosos fuegos artificiales con repercusiones expléndidas en cada una de las áreas a las que afecta: la economía, la psicología, la política... En clave de ser, afirmamos que cada uno somos lo que somos y lo que podemos llegar a ser. En el caso de un libro, a veces, podemos afirmar lo mismo. Lo que las «22 historias clínicas —progresivas— de realismo existencial» son y lo que pueden llegar a ser es algo que todavía apenas llegamos a vislumbrar.
Lo bueno si breve...
Cara
Foto-montaje de
las distintas ediciones del libro de r.e., también ediciones en inglés y en chino
titulares del libro y nombres de los personajes. P. ej.: historia 0, historia 13; Adela, To-wo-hú, Duclos, ...
fotos de rostros de diferentes géneros, etnias y edades que pudieran ser protagonistas del libro
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