PREGUNTAS FRECUENTES
1. Una aceptación de sí mismo como sugiere el realismo existencial, ¿no conduce a la pasividad? ¿no se llega al inmovilismo y la apatía?
2. Creo que yo hubiera existido de todas formas, aunque mis padres no se hubieran conocido jamás. Habría nacido de otros padres.
3. El libro «22 historias clínicas -progresivas- de realismo existencial» repite muchas veces la misma idea. ¿Para qué sirve redundar en ella?
4. ¿Cuál es la visión del autor sobre la divinidad? ¿qué relación tiene el realismo existencial con las religiones?
5. Si yo existo gracias a situaciones tan dolorosas en la Historia, hubiera preferido no existir, y evitar tanta desgracia.
1. Una aceptación de sí mismo como sugiere el realismo existencial, ¿no conduce a la pasividad? ¿no se llega al inmovilismo y la apatía?
La visión realista existencial no sólo no conduce a la apatía, sino que libera a la persona de ataduras inútiles que le impiden crecer y desarrollar sus auténticas potencialidades y su creatividad.
¿Por qué?
Se trata de que la persona acepte ser él o ella concretamente, en su condición humana personal e irrepetible, que se expresa en aquello que no puede ser cambiado: el código genético, las condiciones que dieron lugar a su existencia, su origen, etc. La persona que realiza este asentimiento queda liberada de rencores y resentimientos contra el pasado, o de fantasías estériles como haber nacido en otras circunstancias o de otros padres. Entonces se abre al amplio de aquello que sí puede desarrollar en sí misma y en su ambiente social en el presente. Dispone de sus energías para trabajar con entusiasmo sobre lo que puede ser de algún modo transformado o embellecido por una acción decidida.
2. Creo que yo hubiera existido de todas formas, aunque mis padres no se hubieran conocido jamás. Habría nacido de otros padres.
Cada uno de nosotros es fruto de dos células precisas y concretas, un espermatozoide y un óvulo de entre los muchos que tenían nuestros propios padres. Al unirse precisamente esas dos células, se ha formado una persona irrepetible, con un código genético único. De otros padres hubieran nacido otros hijos; incluso de nuestros mismos padres, pero en otros momentos, también. Cada uno de nosotros, ciertamente en otras circunstancias no habría existido. El hecho de que podamos, con la imaginación, reconstruir nuestro propio origen y fantasear imposibles, no significa que eso sea realmente factible ni que esos ensueños sean fructuosos para la vida cotidiana.
3. El libro «22 historias clínicas -progresivas- de realismo existencial» repite muchas veces la misma idea. ¿Para qué sirve redundar en ella?
El hecho de tomar conciencia y aceptar con alegría el propio ser y el de los demás tiene muchas consecuencias. Las historias de este libro despliegan y explican esas consecuencias, que no se reducen a la dimensión personal, sino también alcanzan al ámbito familiar, social, político. En las primeras historias el autor recuerda a los protagonistas el punto de partida sobre el cual se apoya su visión, y al avanzar al libro, serán los protagonistas los que amplíen al autor las nuevas consecuencias de la primera evidencia.
4. ¿Cuál es la visión del autor sobre la divinidad? ¿qué relación tiene el realismo existencial con las religiones?
El autor no entra en el campo de las religiones. Se limita a mostrar unas evidencias y algunas de sus consecuencias, siempre desde lo que la razón humana puede alcanzar con sus propias fuerzas. Se trata, sin embargo, de una razón humilde, realista, que hace a la persona reconocer sus límites, y darse cuenta de que es contingente (es decir, tiene un inicio y un final; no es origen ni apoyatura de sí misma). Así pues, el autor no sólo no niega la trascendencia, sino que coloca al lector en la mejor situación para abrirse con humildad a la revelación que el Absoluto quisiera ofrecer.
5. Si yo existo gracias a situaciones tan dolorosas en la Historia, hubiera preferido no existir, y evitar tanta desgracia.
Esta postura, aparentemente generosa, es triste, inútil y estéril. Triste porque expresa lo poco que una persona valora su propia existencia; le sabe a poco. Inútil, porque no podemos volver la historia atrás, ni cambiarla. Y estéril, porque la pretendida compasión por los que ya vivieron y murieron en el pasado, fácilmente roba energía, creatividad y sobre todo entusiasmo, que habríamos de emplear para paliar los sufrimientos de nuestros contemporáneos. La tarea que nos corresponde es el presente.
Es vano, además, lamentarnos de lo que ha sido causa de nuestra concreta existencia, único tesoro real que poseemos. Los males de la historia son realmente males; hemos de aprender de los errores de la historia y ello significa sobre todo no repetirlos en el presente.
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